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martes, 4 de noviembre de 2014

LA ESPADA DEL INMORTAL, UN COMIC DE HIROAKI SAMURA


Largo tiempo he deseado reseñar uno de mis mangas favoritos. Hoy, en JpM, desenvainamos la katana sin mucho miedo a perder un brazo, pues los kessenchu están de nuestro lado…



La Espada del Inmortal, conocido en Japón como Mugen no junin (El Habitante del Infinito), fue uno de los primeros mangas que entraron en mi estantería y ha tenido el gusto de ser el último que he acabado. No exento de polémica, he de señalar.

La Espada del Inmortal es obra de Hiroaki Samura, mangaka oriundo de Chiba, que comenzó las andanzas del ronin inmortal en 1994 en la revista Afternoon KC. El manga finalizó muy recientemente, pero el lector español no pudo ver publicado el último tomo, el trigésimo, ante los problemas económicos de EDT. Este último hecho ha dado mucho que hablar, como imagino que muchos de vosotros sabréis bien si sois seguidores del manga en general.


La obra narra las andanzas de Manji, un ronin -un samurái sin amo- que posee el don de la inmortalidad al albergar en su cuerpo a los kessenchu, una especie de lombrices que le otorgan una capacidad de regeneración extraordinaria. Samura no está muy interesado al inicio de la obra en profundizar sobre estos enigmáticos kessenchu, y de hecho, resultan irrelevantes hasta bien avanzada la historia. El hecho es que tenemos un protagonista inmortal sin una motivación especial para vivir. Un guerrero que está perdiendo sus habilidades de esgrima al no tener la presión de la muerte en cada combate. Es lo que suele pasarle a los ronins inmortales: “Ey, me has cortado un brazo. La has liado parda, amigo. Ahora tendré que matarte cogiendo mi espada con el pie…”. Imaginen.

Pero la providencia pone en el camino de Manji a la segunda protagonista del relato: Rin Asano. Al ver a su familia asesinada brutalmente por Kagehisa Anotsu, un joven espadachín que reta al Gobierno de Japón con una nueva y revolucionaria escuela marcial, la joven jura venganza y encuentra en Manji al perfecto ejecutor de su particular vendetta. Y aquí arranca el viaje, un viaje que hará cuestionarse a Rin si la venganza es, o no, la forma de superar la pérdida de sus progenitores. Un viaje que empezará para ellos como la relación de un guardaespaldas y su protegida pero que dará sutiles giros a lo largo de toda la historia.


Entrar en el desarrollo de la trama es complejo y como ya sabéis, si algo no nos gusta en JpM es el… (Voz fantasmal albaceteña ON) SPOOOOOIIIIILERRRRRRRR (Voz fantasmal albaceteña OFF), pero intentaré reflejar los aspectos más destacados de este manga sin eliminaros la mística. 


Lo primero que hay que resaltar de La Espada del Inmortal (en adelante, LEdI) es que es un manga entregado absolutamente a las artes marciales. No, no, no… A LAS ARTES MARCIALES. Los amantes de las mismas podrán regocijarse enormemente en las vistosas escenas que Samura nos regala, resaltando los golpes decisivos con detallados dibujos a lápiz. Estas escenas se han convertido en un símbolo perfectamente identificable de este manga.


Además de ser un manga con profusión de escenas de acción, LEdI es un manga extraordinariamente violento. No en vano es un seinen de manual. En muchas ocasiones, encontraremos un perverso humor negro en Samura al aprovechar la inmortalidad de su protagonista para desmembrarlo de las más variopintas formas y añadir una cierta épica a sus combates. En este aspecto, Samura lo borda, dibujando escenas verdaderamente originales a la par que escabrosas.

La violencia de LEdI, aviso a navegantes, alcanza proporciones estomagantes con el que puede considerarse uno de los grandes villanos de la trama: Shira. Cuando uno piensa en un villano de antología, de esos que ponen los pelos de punta con su mera presencia, es imposible obviar a este auténtico bastardo. La serie alcanza cotas de salvajismo realmente desaforado cuando este demonio de pelo blanco aparece en escena. A título personal, diré que aunque he leído mangas violentos –aún tengo secuelas de Berserk y el tremendo Eclipse…-, Shira permanece imbatido como el tipo más desagradable que he encontrado en un cómic. A años luz, matizo.


Pero no todo es violencia en LEdI. La trama se desarrolla hacia la mitad del shogunato Tokugawa, por lo que Samura se cuida de lustrar su historia de venganza con multitud de datos históricos, algo que considero que es un interesante plus a la lectura. La recreación de la atmósfera japonesa de la época es tan buena, que el manga resulta una lectura extraordinariamente absorbente, a pesar de tener el sempiterno tema de la espada por hilo conductor.

La historia podría dividirse, a grandes rasgos, en tres etapas
  • La primera, que viene a relatar el encuentro entre Manji y Rin y la persecución del Itto Ryu, el grupo de espadachines bajo el mando de Anotsu. También comprendería la entrada en escena del temible Mugai Ryu, un grupo de convictos a las órdenes del Gobierno nipón con órdenes de asesinar a los integrantes del Itto Ryu.
  • La segunda, que narra la captura de Manji por parte de los hombre del Gobierno y su largo cautiverio, hasta su rescate por Rin. Esta segunda etapa sirve a Samura para explicar mejor la “inmortalidad” de Manji y para evidenciar la notable evolución y la riqueza en matices de Rin. 
  • Y finalmente, la tercera que supondría el combate final entre los últimos miembros del Itto Ryu y del Mugai Ryu, con Manji y Rin de por medio, hasta el desenlace final.


Obviamente, como suele ocurrir con las buenas series longevas, LEdI puede presumir de mantener un nivel alto, pero no constante en todas sus etapas. Particularmente, la segunda etapa puede resultar bastante larga y, sorprendentemente, la tercera algo acelerada. Cuestión de gustos, obviamente. Sin embargo, la obra se resuelve de forma correcta. Quizás no demasiado épica, pero se intuye que el autor tuvo sobrecarga de personajes en las últimas viñetas y apostó por un final, hasta cierto punto, predecible. De todos modos, es un final satisfactorio y coherente.

Finalmente, y es algo que puede intuirse en lo anteriormente comentado, si LEdI brilla por algo especialmente, es por el extraordinario carisma que rezuman sus personajes y la evolución que éstos sufren a lo largo del relato. No hay personaje sin matices, podría decirse. Rin presenta un interesantísimo debate interior entre la venganza y el perdón hacia el asesino de sus padres. Anotsu es un villano al que se llega a comprender en sus motivaciones y, en más de dos ocasiones, llegas a temer por su vida, deseando que termine su gesta victorioso. Manji, por su parte, persofinica una ambigüedad propia del ser inmortal, atemporal, que es. Y si bien es esta trinidad la más destacable del relato, es imposible olvidar el repertorio de atractivos secundarios que Samura saca a la palestra.


Para concluir, diré que, como trato de reflejar en esta reseña, LEdI no es, quizás, un manga para todos los públicos, pero sí puedo asegurar que no dejará indiferente a nadie. La mezcla de violencia salvaje, las extraordinarias escenas de lucha, su magnífica recreación histórica –dentro de la ficción, claro- y sus inolvidables personajes, tanto protagonistas como secundarios, lo han convertido en uno de mis mangas favoritos de siempre.

Pd. En 2015 Planeta Cómic publicará el último tomo de la saga, después que EDT la dejase inconclusa desde octubre de 2012, según dió a conocer la editorial en la Ficomic de este año.

J.